“Quiero dejar en manos de otros todo lo aprendido”. Maite Vallet, EDUCADORA, PEDAGOGA, CONFERENCISTA

Seguimos con las entrevistas sobre mujeres maravillosas que tienen historias que nos traen mensajes y lecciones de vida fascinantes. Conocí a Maite hace muchos años, en El Salvador, en su faceta de educadora y construimos una amistad de solidaridad y cariño permanente. Maite es española, pedagoga, escritora de libros, conferencista con una gran vocación de servicio enfocada a que podamos disfrutar una maternidad y paternidad más felices, educando a nuestros hijos y a nosotros mismos para ser personas autónomas y solidarias.


Maite enfocó su carrera como educadora hacia el aprendizaje de metodologías pedagógicas no tradicionales partiendo de Montessori y, con 27 años, creó un Colegio en Madrid. Ha desarrollado una filosofía pedagógica adaptada a cada etapa de la vida, desde la infancia hasta la vejez, explicando cómo y cuáles son los hitos de aprendizaje que debemos cumplir para llegar a ser adultos autónomos, solidarios y felices; haciendo especial énfasis en el uso constructivo de nuestro tiempo libre a lo largo de la vida. Entre otros proyectos de impacto social, desarrolló un programa de formación para las personas que cuidan niños y adolescentes en hogares de protección del menor.


Maite, ¿qué despertó tu pasión por la educación? ¿Cuéntanos cómo decides irte a El Salvador y después regresar a España?

Para mí educar no era trasmitir contenidos, sino enseñar a aprender y a afrontar la vida, y elaboré una materia para enseñar a niños y adolescentes a ser autónomos y responsables y a convivir siendo solidarios. Durante 15 años, trabajando en mi colegio, experimenté su deseo de aprender y con qué intensidad afrontaban su vida. Fue un disfrute descubrir lo que iban logrando para ser buenas personas y buenos ciudadanos. Y en un momento dado, sentí unos deseos enormes de expandir lo que había aprendido educando a mis alumnos. Quería formar a profesores y padres, pero quise hacerlo en algún país donde pudiese trabajar con poblaciones los más desfavorecidas. Y decido ir a El Salvador, donde en ese momento encontré mi lugar en la vida. Emocionalmente crecí una enormidad y pude realizar mi sueño. Y, aunque por circunstancias de la vida volví a España, donde ahora tengo mi lugar, siempre he vuelto a Centroamérica al menos una vez al año, para dar seguimiento a los proyectos pedagógicos emprendidos y para reencontrarme con mi gente querida.

Cuando tomaste esa decisión, ¿cuáles eran tus grandes anhelos y miedos?

Creo que debemos afrontar la vida sin miedos o actuar afrontando esos miedos y sin apegos. Ni cuando fui a El Salvador la primera vez, tenía entonces 42 años, ni cuando regresé con 53 años (entre las dos temporadas sumé 11 años) sentí miedo. Me costó un poco la incomunicación con mi gente de España, en aquella época una carta podía tardar unos 15 días en llegar y las llamadas eran carísimas. Pero no tuve miedo ni siquiera de afrontar mi nueva situación económica. Cuando tomé la decisión de ir a El Salvador no pensé en lo económico, sino en lo que me motivaba. La primera vez fui sin trabajo y, para poder sostenerme hasta encontrarlo, lo que hice fue alquilar mi piso de España. Siempre pienso primero cómo desarrollar mi idea o proyecto y después cómo ejecutarlo, incluida la parte económica. Y, la verdad, me ha ido muy bien, he conseguido llevar la vida que deseaba. Mi sentimiento más fuerte era mi anhelo por hacer trabajo social y disfrutar ayudando a profesores y padres, y ese sueño lo fui logrando. No todo fue fácil, pero las dificultades que iba encontrando consideraba que formaban parte del proceso de crecimiento que había emprendido.


Cuando empezaste, ¿qué fue lo más difícil y lo más agradable que te pasó en tu nueva faceta de vida?

Lo más difícil fue descubrir los comportamientos mezquinos de algunas personas en los proyectos en los que trabajé. En el Ministerio de Educación, por ejemplo, trabajé en un proyecto que atendía a muchas escuelas situadas en la zona de la guerrilla, donde enseñaban los maestros populares que durante la guerra instruían a los niños en los campamentos de refugiados. Los acuerdos de paz establecían que podían ejercer de maestros mientras se capacitaban siguiendo un programa especial que se elaboró para titularlos. Para mí fue un privilegio descubrir el área rural de El Salvador y la gran sabiduría de la gente sencilla. Pues bien, en el Ministerio de Educación había personas dispuestas a que se cumpliesen los acuerdos, pero otras ponían constantemente barreras y frenaban el proceso. No pude aceptar que trabajasen únicamente por un sueldo, sin ningún interés por la gente a la que tendrían que ayudar. Y, como me fue imposible cambiar esa realidad, decidí cambiar mi trabajo. Logré entrar con un proyecto de Naciones Unidas y reencontré mi propósito. Por otra parte, aunque mi anhelo era hacer trabajo social para la gente de escasos recursos, comprendí que era muy importante educar también a la elite del país. Y empecé a dar escuelas de padres en las escuelas privadas. Eso lo disfruté muchísimo también.


Qué harías diferente si tuvieras que tomar la decisión de nuevo. ¿Qué recomendarías a las mujeres de nuestra edad que deciden dar este tipo de giros en su vida?

A todas las mujeres les digo que sigan su voz interior, lo que sienten por dentro, porque por muy difícil que parezca el paso que tengan que dar no es imposible. Es lo que siento dentro de mí de forma fortísima. Cuando quiero hacer algo, no digo esto es imposible, sino que pienso qué pasos tengo que dar para provocar cambios, para dejar de hacer lo que ya no deseo y emprender lo nuevo. Hay tanta gente que dice me encantaría hacer esto, pero no puedo… Yo prefiero decir, me encanta esto y voy a hacer todo lo posible para conseguirlo, aun sabiendo que puede ser muy difícil. Los cambios siempre cuestan, hay que contar con ese costo y avanzar poco a poco para afrontar las dificultades desde el principio y sobre la marcha...

Que tengamos 50 años no quiere decir que se acabó nuestra capacidad de emprendimiento, sino todo lo contrario. Mi madre decía que cuando yo alcanzaba una meta, en lugar de quedarme ahí, emprendía una nueva. Y es verdad, siempre he anhelado seguir creciendo, para mí lo importante es el camino para llegar a una meta y cuando alcanzo mi propósito no me puedo quedar parada, tengo que emprender un nuevo camino. Ahora, con 70 años, sigo recorriendo caminos y soñando con alcanzar nuevas metas.


¿Cuáles son tus próximos pasos?

En este momento estoy con un proyecto que empecé precisamente en El Salvador al crear varios círculos de alfabetización. Estoy promoviendo mi método de lecto-escritura Leolandia y sigo con las escuelas de padres. También enseño a trabajar en equipo la educación socioemocional. Mi último proyecto será desarrollar: “Tu proyecto personal a través de las etapas de la vida”. He aprendido tanto en este mundo, que no quiero irme sin dejar en manos de otros la sabiduría acumulada, para que sigan avanzando.


¡Gracias Maite, disfruta en esta nueva etapa en tu vida! Si quieres seguir a Maite aqui estan los enlaces a su pagina y canal de Youtube


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