Perdono, pero no olvido, el rencor

Updated: Jan 31

Todas hemos experimentado situaciones en las que hemos sentido que se nos maltrataban o que hemos sido tratadas injustamente, a lo largo de nuestras vidas. Esas situaciones, muchas veces, nos resuenan en la cabeza, como un eco del maltrato debido al rencor que nos provocan.


Lo que es una verdadera realidad respecto al rencor, es que siempre daña más a quien lo siente que a quien, supuestamente, se dirige. Los dichos más comunes sobre el rencor son:

  • El rencor es un veneno que tú te tomas, esperando que mate al otro ( Nelson Mandela).

  • El rencor es como tener un hierro candente en la mano, esperando que algún día lo puedas usar contra alguien.

Yo creo que estas dos frases resumen muy bien que el rencor no sirve para nada, más que afectar tu salud, tu bienestar y tus emociones.


Los estudios que se han realizado sobre los efectos del rencor, en nuestro cuerpo, nos enseñan que guardar rencor o resentimiento contra alguien tiene la misma reacción química y los mismos efectos que el estrés prolongado y que la ansiedad. El rencor es una herida abierta que, además de doler, nos impide avanzar y sanar en nuestras vidas.


Entonces, si sabemos estos perjuicios, ¿Por qué no nos damos cuenta de que no tiene sentido que guardemos resentimientos contra nadie en nuestras vidas? ¿Que conseguimos manteniendo el resentimiento? Si hacemos una reflexión honesta, podríamos encontrar que, muchas veces, mantener ese rencor nos trae algún tipo de beneficio, es como cuando tienes una adición, es dañina, pero te ofrece algo que te gusta, por eso hay personas que no son capaces de evolucionar.


Los beneficios de mantener el rencor son:

  1. Nos ayuda a no responsabilizarnos de lo que nos pasa en nuestra vida puesto que tenemos a quién culpar. De esta manera, no tenemos que ser responsables de nuestros sentimientos ni mirarnos hacia dentro (que es muy difícil); por tanto, es la perfecta excusa para enfrentar nuestra infelicidad. Siempre es más fácil culpar a los demás de lo que nos sucede.

  2. Nos evita el proceso de aprendizaje (que conlleva un esfuerzo) que los eventos de la vida siempre nos traen.

  3. Nos ata al pasado que nos une a alguien si no queremos dejarlo ir. Preferimos una relación de rencor a asimilar la perdida. Eso pasa mucho en las parejas o relaciones familiares, no somos capaces de tomar la decisión de romper una mala relación, aunque no la aguantes, ya que lo contrario del amor no es el odio sino la indiferencia. La dependencia emocional nos engancha en una vida de resentimientos porque no sabemos soltar ni perdonar.

  4. Mantener el papel de víctima además de ser un papel pasivo, nos procura, como mínimo, la atención de los demás.

  5. Para muchos tipos de personalidades, ser rencoroso implica señal de fortaleza y seguridad y te ayuda a manipular a las personas que están a tu alrededor, porque genera relaciones de miedo y de sacrificio y de deuda hacia ti, aunque en realidad, lo que esconde es el miedo que sientes y tu falta de autoestima.

El rencor está enraizado en nuestro cerebro primitivo y bloquea el proceso del perdón que también es natural en las personas. El perdón se asocia con vulnerabilidad, con ceder y da la impresión de que le das la razón al otro. Es importante resaltar que no sentir rencor no significa que estás olvidando lo que te pasó ni significa que lo que te pasó estuvo bien. Lo que te ayuda es integrar lo que te pasó en una nueva historia de vida, la historia que te vas a contar a partir de ahora. Sacar reflexiones y lecciones sobre lo que nos pasó nos ayuda a superarlo.


Creo que todas debemos de preguntarnos si preferimos tener razón que ser felices, y también si queremos hacer más caso a nuestra cabeza que a nuestro corazón.


Hemos llegado a asumir estas frases de “no te preocupes está olvidado” o “perdono, pero no olvido” como si eso implicase un avance en el proceso, cuando en realidad son frases pasivo-agresivas.


Un dato curioso, que es bueno que tengamos en cuenta, es que la palabra en judio antiguo que designaba la palabra “perdón” era “rejemim o rejamim” cuyo significado literal es útero, lo que quería simbolizar el renacimiento que conlleva todo acto de perdonar, la recreación de una nueva vida, tu nueva identidad cuando te desprendes de ese pasado o de ese dolor que te causaron.


Además, si sigues aferrada al rencor, continuas sin tener el control sobre tu vida, se lo estás dejando al otro.

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