¡Estamos hechos de Historias! Reescribe la que te cuentas

“Los científicos dicen que estamos hechos de átomos,

pero a mí un pajarito me contó que estamos hechos de historias”

Eduardo Galeano

Yo creo que estamos hechos de las dos cosas, de historias y de átomos, pero, sobre todo, creo que nuestras historias influyen mucho nuestros átomos. Todas pasamos por experiencias de vida que te dejan mal sabor de boca, te entristecen o te trauman. Una de las mejores maneras de sobreponerte a estas experiencias traumáticas es reescribir la historia de tu vida. Cuando nos pasan estas experiencias tristes, te machacas la cabeza constantemente, porque el cerebro tiene 7 veces más posibilidades de quedarse rumiando los temas con los que se siente atacado que con las cosas buenas que te pasan. Si una historia te ha marcado de manera negativa la puedes reescribir para conciliarla con tus valores y, así, vas revisando tus creencias, lo que te cuentas y las reescribes una por una.

Fíjate en la historia que se te viene recurrentemente a la cabeza y que no te gusta, evalúala y cuestiónala, dale un vistazo y comienza a verla con una luz completamente nueva. Es tu oportunidad de ir revisando esas experiencias traumáticas y dándoles la vuelta, escribiendo una nueva historia.

Cuando hago este ejercicio con mis propias creencias y mis historias, me fijo en lo que me ha pasado y, si realmente son muy dolorosas, comienzo por ver que me han traído de bueno a mi vida (siempre hay algo bueno o, al menos, no tan malo). Entonces, comienzo por pensar más en las consecuencias buenas y, poco a poco, termino “comprando” esa nueva historia que me produce pensamientos y sentimientos positivos. Puedo poner muchos ejemplos en mi vida, más bien, con casi todos. La historia, en realidad, es la que tu escribes, no la que fue. Por ponerle cara a un ejemplo de esas historias de vida, les cuento cuando fuimos dándonos cuenta de que mi madre estaba teniendo síntomas de demencia senil, tipo Alzheimer.

Lo primero que hice fue comprar un libro para saber que enfrentabamos como familia. Lo primero que tienes que saber, cuando a alguien le diagnostican Alzheimer, es que ya no es la persona que conociste, que no puedes esperar que te conteste igual, que te trate igual o que va a hacer las mismas cosas que hacia antes. Teníamos que saber, de entrada, que mi mamá ya no estaba. Me enfrenté a la realidad, lloré, hice mi duelo por mi mamá, la que conocí, mi apoyo, la que quería y admiraba ya se había ido. Ese fue un duelo centrado en la persona que ya no era. Y, a partir de ahí, pude empezar a disfrutar y a querer a la mamá que todavía nos quedaba. Esa nueva mamá, era otra, de vez en cuando, todavía, durante 10 años, pudimos disfrutar de sus ocurrencias y reconocer algunos de sus rasgos. Pero no todo el tiempo. El hecho de haber pasado el duelo antes me permitió disfrutar esta ultima fase de su vida sin tristeza y expectante de lo que encontrabamos, cada vez que la íbamos a ver. Mis hijos y yo, la disfrutamos porque no íbamos con la expectativa de encontrar a la mamá o a la abuela que habíamos tenido, sino a encontrarnos con una persona nueva cada vez. Si nos hubiéramos quedado rumiando la tristeza de que tenía Alzheimer, que ya no nos reconocía, que no era la misma, no lo hubiéramos pasado tan bien ni disfrutado cada momento que la veíamos.

Mis hijos y yo, pudimos cambiar la historia que nos contábamos, sobre la abuela con Alzheimer, en vez, teníamos una madre y una abuela diferente, no era la misma, era otra. Y sus ocurrencias y conversaciones fueron igual de válidas y divertidas, nosotros le dábamos cariño y ella nos lo daba a nosotros. No nos reconocía, pero sabía que estábamos allí para quererla y ella nos quería a nosotros. Si sabíamos quién era ella, que cosas le gustaban, que cosas añoraba, cantamos, recitamos, comíamos helados y paseábamos disfrutando todos los momentos que pasamos con ella. Cambiamos la historia, en vez de autocompadecernos por la situación de mi mamá, decidimos disfrutar la situación. No todos en la familia pudieron hacer lo mismo, hubo algunos que cada vez que iban a verla, sufrían porque no los reconocía o porque no era la misma.

Recuerda, son las escenas repetidas, las historias que te repites constantemente en tu mente, recuerdos que se vienen una y otra vez o patrones que se han repetido en tu vida, una y otra vez. Estoy convencida de que está en tus manos cambiar el guion original de la película de tu vida. Ya sabemos que no puedes cambiar lo que realmente sucedió, pero depende de ti si tienes ganas de ajustar la historia que te cuentas. A veces, puedes elegir dejar algo fuera de la nueva historia, prefieres cambiar cómo te impactó o prefieras cambiar el final y las consecuencias que se dieron. Eso depende de ti.

Lo más importante es la historia que vas a contarte a partir de ahora, tu nueva historia de vida, que va a tener un impacto diferente en ti, que eres la protagonista, podrás ver que había otro significado en todo lo que pasó u otro propósito en ella. Tal vez aprendiste algo de lo que no te habías dado cuenta antes o que nunca habías entendido bien porque te pasó. Y, aunque las experiencias no sean diferentes, lo que escribes y te cuentas sobre ellas, puedes cambiarlo.

Date tiempo para cerrar los capítulos que quieres cambiar de tu vida y visualiza tu nueva historia, porque cuando ya la tienes escrita la vas a poder ver claramente en tu mente y volverás a reconectarla en tu cerebro y tu manera de actuar, así podrás mejorar, viviendo esta nueva película de vida y dejando atrás la vieja.

Con la enfermedad de mi madre, todas las creencias que teníamos sobre el Alzheimer se disiparon. No quiero ser desconsiderada con las personas a las que les ha tocado convivir con esta enfermedad, solo contar como la vivimos nosotros, dejando de lado los mitos y estigmas que rodean normalmente una enfermedad tan dura. La enfermedad es dura, pero como la enfrentas y la vives, puede cambiar totalmente tu historia. Como la hablas con tu familia, con tus amigos, en tu entorno y compartes el tiempo con quién la sufre cambia tu historia. Mi historia de los diez años de demencia senil tipo Alzheimer de mi madre, fueron años de bailes, canciones, risas y bromas, que siempre disfrutamos, hasta el final. Y mis recuerdos de esos años son agradables y felices.

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