¿Conoces a alguien que haya tenido cáncer? Lo que el cáncer me enseñó

Según la Organización Panamericana de la Salud, en la región de las Américas se registraron 2.8 millones de casos nuevos de Cáncer en el año 2012 y 1,3 millones de muertes a consecuencia del cáncer. Las proyecciones indican que el número de muertes por cáncer en las Américas aumentará de 1,3 millones, en el 2012, hasta 2,1 millones en el 2030.

Lo sorprendente es que cambiando ciertos hábitos y con un estilo de vida más saludable sería posible evitar hasta un 30% de las muertes por cáncer. Por ejemplo, las muertes por cáncer de pulmón están fuertemente asociadas al tabaco. La revisión ginecológica anual para detectar lesiones precancerosas y la vacunación contra el virus del papiloma humano (VPH) logran la prevención del cáncer cervicouterino. La mayoría de las muertes se dan por cáncer de pulmón, próstata y colorrectal, en hombres, y de cáncer de pulmón, mama y colorrectal, en mujeres. Si modificas tus hábitos de vida se podrían prevenir. También es importante saber que hay muchos diagnósticos de cáncer que no son mortales, una gran mayoría son curables y se han convertido, más bien, en enfermedades crónicas, con las que vas a tener que convivir el resto de tu vida.


Tuve un cáncer muy raro que no fue provocado por malos hábitos de vida sino como consecuencia de una mutación genética que hay en mi familia, probablemente desde hace siglos, pero ese es tema de otro artículo. Cuando ya te ha dado cáncer comienzas a repensar y a cambiar tus hábitos de vida, como me pasó a mí, que empecé a hacer más ejercicio, comer mejor, decidí no ser tan perfeccionista, no vivir bajo stress y no tener pensamientos negativos, etc. Frecuentemente me preguntan que aprendí en este proceso de enfrentar el cáncer, asi que quiero compartir con ustedes estas reflexiones:

  1. Una de las primeras preguntas que suele hacerse la gente, cuando te dan el diagnóstico, es ¿porque a mí? No fue mi caso, no quise perder mi energía en lamentarme por lo que me había pasado, preferí enfrentar con buen ánimo y con esperanza lo que se me venía encima. Puedo entender a las personas que se quedan haciéndose esa pregunta, pero, en realidad, no te ayuda al proceso de aceptacion de tu nueva condición.

  2. Aprendí que la ansiedad es peor que la propia enfermedad y es evitable. Cuando te diagnostican el cáncer o cualquier enfermedad, además de escuchar a tu médico, empiezas a buscar información en internet. Es lo peor que puedes hacer. Cada diagnóstico y cada persona son un cáncer distinto. Claro que te meten en las estadísticas y eso ayuda a predecir parte de tu evolución, pero todos somos distintos. Este fue uno de los primeros errores que cometí. En la tercera quimio, la enfermera me empezó a dar unas estadísticas aterradoras. Así que me puse a buscar información en internet. Fue espantoso, cada artículo que leí era peor que el otro, no podía dormir, empecé a sentir mucha ansiedad. Hasta qué, después de dos semanas, me dije a mi misma, que no podía seguir así y paré, empecé a pensar en positivo y volví a creer solo en lo que me decía mi médico, que era que tenía un buen pronóstico. Esa opinión era mejor que las estadísticas, así que al final, me tranquilicé y decidí que era mil veces mejor estar tranquila y no saber más de lo que necesitas saber. En fin, decidí que fuera lo que fuera lo que me iba a pasar, mientras no me pasaba era mejor estar tranquila y feliz. También me di cuenta, que la ansiedad, es peor que el cáncer y que la quimio juntas.

  3. Otro aprendizaje fue aprender a cuidarme mucho y no preocuparme por cosas que no están bajo mi control. El curarte y cuidarte a ti misma, cuando te han diagnosticado un cáncer, requiere toda tu atención, de manera que todo lo demás pierde importancia. Así que es mejor no seguir preocupándote por cosas que no están en tu área de influencia ni de control y que, además, ni vale la pena ocuparse de ellas. Lo más importante que aprendí fue a concentrarme en mí misma, sobre todo si eres mujer, porque sueles poner a todos y a todo por delante de ti. Mucho más si hay alguna persona en tu vida que suele depender de tu energía y te la drena constantemente.

  4. Aprendí a desprenderme de muchas cosas y a valorar lo más esencial. Saber cómo navegar a través del dolor, es una de las cualidades más importantes que debemos tener. El dolor es inevitable en la vida. Todos perdemos algo (la salud, por ejemplo) o a alguien, en algún momento en la vida (o varias veces en la vida), por tanto, tener resiliencia para manejar el dolor y las perdidas es fundamental. Perder la salud requiere mucho músculo, el músculo de la resiliencia.

  5. Una de las preguntas que mucha gente te hace cuando te diagnostican cáncer es si hiciste tu “bucket list” o la "lista de cosas en que te gustaría enfocarte" en los años que te quedan de vida. Para ser franca, esto es lo primero que piensas cuando te diagnostican cáncer. Pasé algún tiempo pensándolo y cuando evalúas dejar todo y dedicarte a vivir tu vida, decidí que no podía, que debía continuar con mi vida y con mis responsabilidades y enfocarme en disfrutar cada momento restante. No es mi personalidad ni mi carácter, la verdad, ser egoísta y concentrarme en mi misma, cuando mis hijos todavía dependían de mí para salir adelante. Y no creo que sea responsable enfocarte solo en tí y dejarlo todo porque te ha tocado un momento de dolor. No se puede dejar que el ego se interponga en tu capacidad de liderazgo ni en tu capacidad de ser generosa, tenía que mantener la visión de lo que es importante para mí y el propósito de sacar a mis hijos adelante, era lo que valía la pena hacer.

  6. Hablar con claridad y franqueza sobre la enfermedad y sus consecuencias, enfrentarse a la realidad y manejarlo abiertamente con tu circulo mas cercano ayuda mucho a vivirlo con mayor tranquilidad. De hecho, mis hijos me han felicitado por hablarles francamente de lo que estaba pasando, para ellos sentirse más seguros.

  7. Por último, algo que todas las personas que hemos tenido cáncer contamos es nuestros cumpleaños y los años que cumplimos libres de cáncer. Yo ya he cumplido 3 años libre de cáncer y los he disfrutado mucho.

Con estas reflexiones, he podido dar coherencia a mi vida actual, que ha cambiado y que ha cambiado para bien. Ray Dalio, en su libro “Principios” explica la ecuación de para qué sirve el dolor, en tu vida:

Dolor + Reflexión = Progreso


Cuando te enfrentas al dolor sin reflexionar desaparece el progreso y el crecimiento interior y te quedas solo con el sufrimiento. Cuando sentimos dolor, normalmente, lo intentamos evitar, lo negamos, nos adormecemos para no sentirlo. Pero si decidimos reflexionar podemos evaluar y crecer y, los que están a tu alrededor, probablemente, crecerán también. Es muy difícil reflexionar cuando estas adolorida, pero es lo mejor que puedes hacer para fortalecer tu resiliencia.

Reflexiona sobre qué es lo que más valoras en tu vida, sobre tu familia, sobre tus amigos. El dolor te está enseñando algo, tienes que valorarlo por eso. Con el dolor aprendes que es lo que más te importa y defines que es insignificante para ti, en este momento de tu vida. Por último, el dolor te ayuda a definir cuál es tu legado y como te verán las personas que te quieren y como te recordarán, sobre todo en tus momentos de dolor. Para mí era muy importante darles esperanza y tranquilidad a mis hijos, porque sabía que, si el momento era difícil para mí, era más doloroso para ellos.

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